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Platero y yo

Platero y yo
Platero es pequeño, peludo, suave;
tan blando por fuera, que se diría todo de algodón,
que no lleva huesos.
Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
Lo dejo suelto, y se va al prado
, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas,
las florecillas rosas, celestes y gualdas...
Lo llamo dulcemente: ¿Platero? y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe en no sé qué cascabeleo ideal...
 
 
TE DESHOJÉ COMO UNA ROSA


Te dehojé, como una rosa,
para verte tu alma,
y no la vi.

Mas todo en torno
horizontes de tierras y de mares,
todo, hasta el infinito,
se colmó de una esencia
inmensa y viva.

 
 

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